He aquí un claro ejemplo de la doble moral reinante: cuando cumplas los dieciocho años, podrás fumar cuanto quieras; porque, al parecer, el tabaco no te matará.
No pretendo entrar en el debate acerca de la insalubridad del tabaco, ni sobre la prohibición de fumar en determinados recintos públicos. Pero hay dos cuestiones que me revientan:
- Aunque me parece perfectamente natural que una persona adulta pueda tomar libremente sus decisiones -incluyendo la agresión contra su propia salud-, me ofende que se prohíba la venta de tabaco a menores empleando el argumento "Fumar Mata". El tabaco puede matar a cualquiera, con independencia de su edad.
- Me resulta especialmente repulsivo el cinismo de nuestro Gobierno, que primero empapela cada cajetilla de tabaco con mensajes de advertencia sobre la muerte lenta y dolorosa que sufriremos como consecuenta del nocivo hábito de fumar... Pero después no sólo permite su venta, sino que se lucra escandalosamente con los impuestos que recauda con ella. Y ¿cuál es la razón de ser de este impuesto? ¿Sufragar el tratamiento hospitalario de las personas enfermas a causa del tabaquismo? ¿Disuadir noblemente a la cuidadanía de practicar esta fea costumbre y, de camino, proteger la salud pública? ¿O quizás, sencillamente, llenar de dinero las arcas públicas -como ya se hace, con descaro, a partir de los derivados del petróleo-?
Como acostumbraba a decir José María García, "que cada cual saque sus propias conculsiones".










