Para cuando nuestros ayuntamientos y la población en general, se concienciarán de que dar una segunda oportunidad a los objetos, generaría empleo y ayudaría al planeta a respirar. Compramos sin control y tiramos sin humanidad.
En una calle del Barrio de Gràcia, Barcelona, el año pasado se podían ver docenas de pares de zapatos y botas sin usar, tirados de cualquier manera, como si en el mundo no hubiera gente descalza.
En una calle del Barrio de Gràcia, Barcelona, el año pasado se podían ver docenas de pares de zapatos y botas sin usar, tirados de cualquier manera, como si en el mundo no hubiera gente descalza.


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